viernes, 29 de junio de 2012

Sueños de Latinoamérica

Yo soy nuevo en el mundo laboral. Recuerdo plácidamente mis días de universidad cuando dormía un mínimo de 12 horas y la mitad del resto de las 12 horas pasaba recuperándome de la resaca o la otra mitad paseando por los pasillos de la universidad con mis amigos pensando donde iríamos a tomar. ¡Ah que inocente era entonces! No tenía la más mínima idea de lo que me esperara luego de estrechar la mano del decano de la universidad y recibir mi título. Si hubiera sabido, o tan siquiera hubiera tenido la noción de que afuera de la universidad me esperaría un mundo cruel, rudo y sobre todo un mundo estresado, si tan siquiera alguien me lo hubiera advertido creo que no hubiera dormido 12 horas sino 16. ¡Ha cuanto me hace falta el sueño ahora!

Yo siempre he pensado que soy una persona que no está programada para seguir los parámetros normales, también siempre he pensado que una vida de oficina sería un estilo de vida que no me llenaría. Siempre he tenido un lado un poco rebelde y salvaje de ese mismo estilo de rebelde que vemos por las calles con el pelo largo con barba y camisas del Che hablando de cómo sistemas neo-liberales nos han llevado a la ruina moral. Sabía desde el principio que ese mismo lugar donde era mi lugar. Siempre he querido estar en máximo contacto con mi lado Latinoamérica, mi orgullo nicaragüense.

Siempre quise después de terminar la universidad hacer el recorrido del Che por Suramérica, así como un ritual latinoamericano por el cual te volverás uno con la tierra orgullosa de nuestros aborígenes. Siempre lo quise hacer como cual si fuera un ritual de iniciación. Pero justo luego de mi graduación conseguí un trabajo (A solo una semana de haberme graduado) entonces pensé “¿Qué tanta suerte puede ser que he conseguido trabajo justo en el primer lugar que aplico justo después de graduado?” lo acepté. Después de todo tenía que financiarme el viaje de una u otra manera. Trabajaría 6 meses, con el dinero de mi salario y luego de mi renuncia mi indemnización pudiera empezar el viaje.

Luego me di cuenta que solo necesitaría 3 meses de trabajo para empezar si no gastaba mucho dinero. Latinoamérica me esperaba con los brazos abiertos para conectarme con ella y que me transmitiera toda su sabiduría de la tierra, de su cultura, de sus aborígenes. Yo era uno de ellos.

Lo triste es que hoy cumplo 2 años de trabajar para la misma empresa. Luego de un acenso luego de tan solo 10 meses de trabajar con ellos, y un sustancial aumento en el salario, y brincarme como 10 niveles en el organigrama de la empresa… pues ya estaba aun más difícil llevar una carta de renuncia. Luego vinieron las deudas, pagar los prestamos de la universidad, contratos de teléfono, seguro social, impuestos, responsabilidades y sentía como pequeñas cuerdas me ataban a mi terrible y cruel cubículo. Echaba raíces. Me traicionaba. Mi sueño se apagaba… ahora podía pasar semanas sin siquiera pensar en el. Cuando me levanto por las mañanas a veces me cuesta verme al espejo y ver cómo me he traicionado. ¿Qué me he hecho a mí mismo, como me he traicionado? Y peor aun ¿Cómo he dejado esperando a Latinoamérica y sus colores?

Odio lo que hago. Odio mi trabajo. Y me da pena decirlo en voz alta porque sería fácil pensar que soy perezoso. Pero no. Simplemente odio la obligación de verme amarrado. Yo pudiera perfectamente vivir con la mitad de lo que gano ahora (lo sé porque eso ganaba antes) y odio el hecho de ver la acumulación de bienes como algo deseable. Ver el hecho que obtener mas de lo que necesito como una señal de bienestar. ¿Dónde había quedado aquellos días de universidad cuando comía como cena 5 buñuelos que me costaban 1 Córdoba cada uno? Y es que no necesitaba mas que mi cama, y 12 horas de sueño.

Mientras me peino para ir a mi trabajo recuerdo que pase años sin peinarme. Mientras me levanto antes que el sol salga recuerdo que ni cuando aun iba a la escuela me levantaba tan temprano. Mientras llego a mi trabajo puntualmente recuerdo que nunca iba a clases durante una semana entera. Mientras pago las cuotas de mis deudas siento como me amarran a mi nueva manera de vida, me encajan un yugo, me hacen parte del sistema, me matan por dentro, me sangran, ¡Malditos! ¡Malditos usureros! ¡Ladrones que me sangran con tasas de intereses a ahogan al pueblo! ¡Déjenme! Pero no hacen caso.

Ahora las camisas de marca me parecen apetitosas cuando antes iba a la tienda de ropa de segunda mano para ver que encontraba. Ahora no puedo vivir sin mi correo en mi teléfono y antes pasé 2 años sin teléfono y otros 2 años con uno que nunca andaba saldo, ocupando teléfonos públicos para hablar por teléfono. Ahora no me imagino agarrar un transporte colectivo, antes que dependía de ellos. ¿Evolución? Yo más bien creo que es muerte. Los sueños no se apagan… se ahogan.

lunes, 16 de abril de 2012

Open Letter

La verdad que cuesta describir a una persona y mucho más cuando has estado tan cerca de esa persona al punto máximo de pertenecerle. Me gusta pensar en los hijos como una extensión de los padres, así como el la herencia definitiva a un amplio linaje de humanos, casi rozando el concepto de inmortalidad. Siempre me ha resultado curioso el grado de conexión que lo hijos tienen con los padres, tal como si se tratase de uno mismo caminando en otro cuerpo, tal como si uno se pudiese ver atrás de nuestros mismo ojos.

Siempre me ha gustado la parábola del hijo pródigo. Me parece tener más trasfondo de lo que la gente piensa (y eso tomando en cuenta que la gente le da mucho trasfondo). Me parece una lectura que al igual que El Principito recomiendo su lectura al menos una vez al año. Siempre uno puede encontrar matices nuevos, giros inesperados a la historia que todos conocemos e incluso lecciones nuevas de vida. Uno de esos matices que siempre me gusta llamar a atención es el hecho que el que el héroe de la historia no es el padre que espera pacientemente el retorno del hijo. En vez de llamarse “el padre paciente” o “el padre misericordioso” que de hecho pusiera más énfasis en la figura protectora de Dios… pero en vez de todo eso, la figura héroe es la del hijo que regresa. El padre simplemente es alguien que lo espera sin tener mérito de eso.

Yo nunca tuve la necesidad de perderme para saber que el mejor lugar donde podía estar era al lado de mi padre. Traté de honrarlo en cada momento que tuve la oportunidad, y aunque nunca tuvo el orgullo de escuchar mi nombre cuando llamaban a los mejores alumnos, o a los alumnos ejemplos él sabía que yo hacía lo correcto y no dudo que haya estado orgulloso de mí… tal vez algunos momentos menos que otros. Creo que hizo un trabajo excelente en educarme. Creo que dio lo mejor de sí mismo para que yo tuviera un ejemplo de trabajo duro, de ética y valores.

A veces las personas faltan antes de tiempo. A veces nos sorprenden con su partida. Pero aunque nunca llegué a ser el mejor alumno su mirada y sonrisa era la misma como si mis notas fueran de todas de cien. Y algunas veces la mejor manera de hacer sentir a un padre orgulloso es solamente captar el ejemplo que él te da y ponerlo en práctica.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Yo no tengo miedo a morir solo.


¡Le tengo pánico! La crisis del cuarto de vida parece estar en todos lados. Un día hablando con un vejo amigo recuerdo haberle dicho que yo no tenía miedo al morir solo. Pude escuchar a mi yo interior soltar una ligera risa de burla al escuchar decirme semejante mentira. Pero me han dicho que si uno dice una mentira mil veces luego se convierte en verdad, pero no sé cuantas veces aun tengo que repetir en voz alta que no tengo miedo a morir solo para que se convierta en mí verdad.

He buscado en Internet, y según, una de las posibles razones del cáncer es la predisposición genética. Y luego que todos mis familiares, ya sea del lado paterno como del materno, han muerto de cáncer, siempre he aceptado mi aparente inevitable destino. Y ya que he estado en contacto con tan terrible enfermedad, se la mella que hace no solamente en el físico de una persona, si no que destruye la mente. Y también sé lo necesario que es tener a alguien que sostenga tu mano cuando vienen los terribles estados de depresión que se originan cuando ves el fin justo a la cara.

La percepción física que tenemos de nosotros mismos se ve alterada durante la enfermedad mientras ves terribles estragos en tu cuerpo, y siempre es conveniente tener un hijo, una hija, o un cónyuge que te traiga de regreso del espanto de levantarte un día y verte al espejo y ver que ya no sos la misma persona que se fue a dormir la noche anterior. Si muero solo, nadie me traerá de regreso de ese shock, más que una enfermera hastiada, o una monja obligada. Con palabras simples (y hasta crueles) de “Esto es por tu bien para que podas acercarte a Dios”.

Una prima, o no sé si era prima o simplemente un familiar lejano, que según mi familia “había decidido no casarse porque había decidido que le gustaran las mujeres” tenía problemas de alcohol. Y aquí entre nos que no la culpo. Delgada, con pelo varonil, alta, blanca, y una voz más masculina que la mía. Vivía con su hermana y sus sobrinos. No tenía familia propia así que no tenía porque vivir sola (o eso pensaban). Le diagnosticaron cáncer terminal en el hígado, después que nunca se atendiera una cirrosis muy agresiva. No tenía seguro privado, y tuvo que atenderse en los hospitales públicos, que aunque no son tan malos, tampoco son muy buenos. Le dijeron que no necesitaría quimioterapia pues no había nada que hacer. Un día se despertó, (me gusta pensarla sobria ese día pero lo dudo que haya sido así) y sus sobrinos estaban en el colegio, su hermana en su trabajo, y se sintió especialmente mal. Tomó un taxi, le dio la dirección del hospital donde atendían su caso. Llegó sola, la acostaron en una camilla para mientras un doctor se desocupaba. Una camilla de seguro en el pasillo del hospital como son muy comunes en los hospitales públicos. Y murió. Espero que haya estado bajo los efectos del alcohol para que no entrara en pánico y la ayudara a aceptar su inevitable fin. Sin ser atendida. Sin nadie que le sostuviera la mano. En un hospital público de Nicaragua, uno de los países más pobres de América. Entre ladrones llevados ahí por la policía misma después de haberlos agarrado y darles una golpiza. Entre enfermeras que no saben tu nombre y ni les interesa. En un pasillo, en una camilla donada por la brigada cubana hace 30 años. Espero que el alcohol la haya acompañado si quiera.

Murió en la mañana. Sus sobrinos llegaron de la escuela, su hermana de su trabajo. Se fueron a dormir. Hasta que la mañana siguiente el hospital pudo llamar a su hermana para darle la noticia. Paso un día. Nadie preguntó por ella, nadie la extrañó, estaba sola. Yo la habré visto como 3 veces en mi vida. Ese día fuimos a su vela y el comentario era el mismo “es que nunca quiso tener hijos”. No pude evitar pensar que tal vez así sería mi fin porque “no quise tener hijos”. Siempre me pareció una historia digna de una novela psicológica oscura, su historia, y tal vez un día la inmortalice en una y será un digno memorial para un alma valiente que tomó un taxi en sus últimos momentos y aceptó su destino en una camilla de hospital mientras nadie la rodeaba. Creo que ese acto le valió el cielo.

Yo tuve una pareja que es de una ciudad al norte de Nicaragua, Matagalpa. Y en una de mis primeras veces que fui a esa ciudad me llevó al cementerio de su ciudad (ahora que lo pienso debió de haber sido algo extraño) en una parte del cementerio había un tipo de capilla encima de una colina. Le pregunté que era ahí y me dijo que era donde enterraban a los pobres. Resulta ser que la alcaldía de Matagalpa se hacía cargo de tu entierro si tu familia era lo suficientemente pobre para no poder pagar un entierro. Le pedí que me llevara. Me explicó mientras subíamos a la colina (había escaleras) que era una fosa común y que luego que te enterraban no podían mantenerte ahí por siempre, así que una vez pasaba el proceso de descomposición te pasaban a otra fosa (ya sin féretro). O sea que tus huesos eran juntados con los huesos de los desafortunados que habían muerto antes de vos. Morbosamente podías ver los huesos apilados si te asomabas a una pequeña abertura. Lo cual hice yo. No puede dejar de pensar que tal vez esos prójimos no todos habían sido pobres, tal vez habían muerto solos en el mundo. No hubo nadie que reclamara sus cuerpos y al gobierno municipal no le quedó de otra que tomar dinero de los pagadores de impuestos para poderte dar lo mas decente que ese dinero pudiera comprar.

Ese tipo de tratamientos a restos humanos trasgrede nuestras creencias de respeto a los muertos. ¿Cuántas veces he escuchado decir “que montón de flores en la vela, de seguro era muy querido”? El trato mas solemne a un muerto nos hace pensar en lo tan amado, popular, querido que una persona fue. ¿Qué tal si nadie me reclama en el hospital? Después de todo es el fin que de seguro tendré porque “nunca quise tener hijos”.

sábado, 31 de diciembre de 2011

De Regreso al País de las No-Maravillas


En la serie de televisión “Sexo en la Ciudad”, en la primera temporada, el quinto episodio, la protagonista Carrie Bradshaw se topa con una vieja amiga en un restaurante muy exclusivo donde Carrie no pudo conseguir mesa esa noche. Su amiga, Amalita, es una mujer morena europea y con un acento muy fuerte. Carrie la describe como una mujer dedicada a la fiesta y a los viajes, siempre rodeada de la compañía perfecta. En pocas palabras, Amalita, lleva una vida mucho más extravagante que la misma Carrie.

A mí no me gusta hacer comparaciones de mi vida, y mis situaciones con programas de televisión y mucho menos con uno que se llame “Sexo en la Ciudad” pero la noche anterior salí con mi viejo amigo olvidado por mí a causa de trabajo, tiempo y cansancio y viví un extraño deja vu con ese episodio. Pero tenía que hacer algo el último sábado del año. A falta de mí, mi amigo se buscó nuevos amigos para mantener su ritmo de restaurantes de moda, de bares repletos y discotecas exclusivas. Mas que las ganas de salir y volver a experimentar ese mundo una vez más, le pedí que saliéramos juntos esa noche porque una amistad como la de él no es algo que quiera engavetar.

Estaba en la discoteca donde se profesa que es el lugar donde se debe estar. Discoteca que a mí no me gusta, que siempre la he categorizado como sobrevalorada, y donde solo las personas que quieren reafirmar su status social van… porque al fin al cabo parece que es el lugar donde se va para ser visto. Después de un par de horas frente a mi armario tratando elegir la ropa que tendrá la dicha de visitar tan “prestigioso lugar” salí a las 12 de la noche rumbo a ese lugar.

Llegué. Algunas cosas habían cambiado desde la última vez que había ido, y lo que me impresionó es descubrir que había habido un cambio radical del lugar, lo que justamente coincidía con la noción de que tenía muchos meses de no ir ahí. En otros lugares he hablado de cómo me da risa el teatro social que se despliega en ese lugar. Cualquier persona que conozcas aunque sea solamente de cara te saluda afectuosamente, después de todo ellos han venido a lo mismo que todos ahí… a ser vistos. Me parece un poco irónico un lugar tan teatral en un país donde la realidad social es otra.

Mi amigo estaba en el área VIP (como era de suponerse de él) así que no me quedó de otra que sacar más dinero de lo normal para poder pagar la entrada para el lugar exclusivo de esa discoteca exclusiva. Y de repente no es el dinero en sí que me duele perder… sino perderlo de esa manera, para alimentar a un teatro que tanto antes como ahora me llenaban tan poco, donde no iba para ser visto porque de verdad eso jamás me ha importado. De hecho duele el dinero cuando literalmente se tira para entrar a un lugar como estos.

Los saludos afectuosos salieron en todo el camino hacia el área VIP. Vi a mi amigo. Ahí estaba. Con sus nuevos amigos, justo como me lo imaginé. Nos saludamos. Me presentó a sus amigos. Y ahí estaba yo una vez más de regreso a ese país de las no-maravillas. Espectador de tan caricaturesco teatro. E hice un viaje en mi mente a los muchos meses atrás que solía llegar a ese mismo lugar con mi amigo. Y recordé lo cruel que es la vida de soltero que quiere dejarlo de ser. Te presentan a personas y en los próximos 5 minutos ambos evalúan el físico, posición social, educación, inteligencia, y tratan de definirte como persona y en menos de esos 5 minutos han tomado la decisión si deben mantener el interés en vos o no.

Y luego vienen los miles de pensamientos que te comen vivo lentamente. ¿Le gustó?, No puedo decir cuántas parejas he tenido antes porque es un número alto y pensará que soy inestable, tengo que ocultar mi interés porque va a pensar que estoy desesperado, aun no me ha pedido mi número de teléfono, ¿se lo debo de pedir yo? Y comenzamos a analizar todo movimiento desesperadamente para encontrar un rastro iluso de interés por su parte, leemos señales entre el humo de los cigarros y la visión borrosa que te da cinco cervezas. Y seguimos nuestra carrera cruel para poder llegar al estado de comprometido.

Sé que muchas personas no lo hacen, sé que hay muchas personas que son completamente normales. Pero recuerdo que yo tuve una terrible etapa de desesperación, y cuando uno ha tenido tan terrible enfermedad es fácil saber quien la padece ahora. Solo ve a tu alrededor y podrás verte cuando hacías justamente lo mismo. Ocultando parte de tu personalidad, resaltando otras, para que esa nueva personalidad moldeada se ajuste a la de la otra persona.

Hay otros que padecen la terrible enfermedad de comparar a sus nuevas citas con sus antiguos novios. “Siempre hay que elegir a alguien mejor que tu ex novio” argumentan todo el tiempo. No tengo palabras para eso, pero no me imagino viviendo una vida rechazando personas completamente buenas solo porque no son mejores que lo que tuve antes. Y aparte, ¿Desde cuándo un ex novio es bueno? Y buscan a esa persona con la educación perfecta, con el carro perfecto, con el sentido de moda perfecta y con amistades perfectas.

Mi amigo y yo cuando nos aburríamos de estar en esa discoteca nos íbamos a otra que es de menor calidad. Esa noche no hice ni la sugerencia de ir… era obvio que no quería que supieran que antes íbamos a ahí. Luego de que nos aburríamos (a las 5 o 6 de la mañana) de estar en la otra disco de menos calidad íbamos a comer hamburguesas a los carritos ambulantes que se ponen en la avenida principal de Managua. 30 córdobas nos costaba. Ahora parece que la rutina ha cambiado un poco, a las 3 de la mañana salimos de la discoteca a comer una hamburguesa de marca que me costó 200 Córdobas. 500% más de lo que antes gastábamos. Pero me gustaba estar con mi amigo.
Hace mucho tiempo descubrí la belleza de la sencillez, de una vida normal, ya que con las preocupaciones del trabajo bastaban ¿Por qué preocuparme de quien me vea, que carro manejo o que ropa me pondré en la noche? ¿Volveré a salir de esa manera? Creo que necesito otros 8 meses de descanso de ese lugar para poder volver a ir.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Para vos


Hay muchas cosas que ocupan mi mente durante el día, las cosas que tengo que pagar, mi trabajo, mi perra, en cómo me voy a ir a mi casa luego del trabajo, pero hay momentos entre ventanas de mi computadora donde me quedo fijamente viendo la pantalla y es cuando pienso en vos. Te pienso en aquellos momentos cuando nos estábamos conociendo, de nuestras primeras conversaciones, de como el sueño de estar con vos viviendo bajo el mismo techo (tiempo después de una relación) se volvía más o menos obvio (o por lo menos eso creo yo) en cada cosa que te decía.

En este ambiente donde trabajo, gris y de vidrio, sos ese segundo (o tal vez minutos) de pensamiento donde me olvido del frio de la oficina, y mis labios partidos, donde solo te veo sonriendo en mi mente. Imagino tu sonrisa perfecta. Tal vez solo sean unos segundos de mi ía, pero son los mejores segundos. Puedo sentir el aire de nuestro escape hipotético de nuestra realidad. Pienso que hubiera sido de nosotros de llevarse a cabo. ¿En que punto nos encontraríamos?, ¿Estuviéramos juntos?, ¿hubiéramos sido felices?, y si lo hubiéramos llegado a ser juntos... ¿seguiríamos siendo felices?

A veces pienso decirte que aun me gustas, pero no sé si eso a estas alturas es aceptable. Solo por si se te había olvidado, por si nunca estuviste seguro que me gustabas, o por si acaso simplemente no lo sabías. También pienso si te he idealizado, pero eso creo que nunca lo descubriré y me siento bien pensarte esos segundos románticos durante mi día tal y como sos: idealizado. Pienso en lo que te gusta, y lo que me gusta a mí lo que a vos te gusta.

Pienso que deberías decirme que te gusto, creo que a estas alturas definitivamente sería más que aceptable. Tal vez lo he olvidado, Tal vez nunca estuve seguro que te gustaba, o tal vez nunca lo supe. No sé si esos segundos donde me quedo estático serán los mismos segundos donde vos te quedas estático frente a tu computador. Tal vez un tipo de fuerza cósmica sincroniza nuestros pensamientos. Pero eso solo funcionara si me has idealizado de la misma manera que lo he hecho yo... Y eso no lo sé.

Puede haber muchas personas en el mundo, pero es bonito estar consciente que entre mis finanzas, mi transporte y mi perra tengas unos segundos de mi día donde por defecto aterrizas en mi mente y me hagas pensar esas cosas. No sé si seas mi alma gemela, no sé si eso exista ya que sos una persona única e irrepetible en el mundo, de la misma forma que lo soy yo, pero tal vez, y solo tal vez, nuestras almas se lleven bien juntas por mucho tiempo.

No sé si nuestros sueño de escape se realice algún día, y si es así no se si serán como las fotos de nosotros que se me vienen a la cabeza cuando pienso en ellos... pero el sol de la playa donde estamos imaginariamente hace que no necesite el suéter por un segundo. Son segundos donde vos y aquella sencillez de nuestras primeras conversaciones hacen que me olvide de donde estoy. Tal vez te des cuenta de lo que digo, y pienses "eso me pasa mi", ya sea que te siga pasando ahora, o te pasaba antes.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Padres.


Un día dos personas, consiente o inconscientemente, se juntaron y nos concibieron. Desde ese día somos una persona completa, existimos y somos parte de este mundo. Siempre he sabido la importancia de los padres en el proceso de criar a una persona, pero no fue hace mucho cuando de verdad me puse a pensar en la trascendencia de los padres para la vida de la persona que crían. Fue hasta entonces que pensé en lo difícil, en lo cansado, esclavizante, y en la responsabilidad que conlleva la vida de padres. Me asusté, y aunque siempre he dicho que no me gustaría tener hijos al mismo tiempo siempre pienso “Yo haría esto con mi hijo”, “Yo lo matriculara en este colegio”, “Yo le dijera que jugara este deporte”, pero ese día me puse a pensar que de verdad tal vez no tenga madera de padre. Creo que soy una de esas personas cuya única responsabilidad es uno mismo.

Siempre escucho decir que ser padres es un trabajo de tiempo completo, pero… más allá de tiempo completo, es un trabajo de toda la vida. Ser padres significa no volver a ser libre, que cada pensamiento que cruce en tu mente este predeterminado, o pre-prensado teniendo en cuenta a tu hijo. No puedo ver mi vida pensando en eso antes de tomar una decisión, antes de irme de vacaciones, antes de comprarme mi ropa, antes de ir a una fiesta, o antes de llegar tomado a la casa.

Admiro de todo corazón la labor incansable de los padres, y admiro aun más los míos, quienes dedicaron su vida, sus energías, sus sueños, sus metas, gran parte de sus salarios para educarme, enseñarme, y hacer la persona que hoy soy. Pudiendo tener cualquier otra cosa, tomaron la decisión que en sus vidas faltaba otra persona la cual tendrían una responsabilidad, un lazo para el resto de sus vidas. Y me educaron de la manera más sencilla, desenfadada, con todo el amor que puede alcanzar en sus corazones.

Mis padres me enseñaron la importancia de la ética, la honestidad, y las bases para ser una buena persona y no causar daño a las personas. No sé si les pasa a todos los hijos, pero a veces cuando estoy en una encrucijada puedo repetirme en mi mente las frases de mi madre en mi cabeza y sé que elección tomar. Puedo escucharla diciendo “Uno siempre tiene que estar seguro de lo hace”, “Hay que saber elegir a tus amigos, hay personas buenas y malas en el mundo y vos vas a ser quien distinga que tipo son”, “Uno no puede construir nada alrededor de mentiras”. Normas básicas que nos dejan nuestros padres y las convertimos en márgenes, parámetros en los cuales encausamos nuestras vidas. Nuestros propios códigos, nuestras propias leyes del bien y el mal.

No sé si seré capaz de ser la mitad de buen padre como fueron los míos. No sé con que tipo de persona voy a terminar después de haberle enseñado (o al menos tratado) sus propios códigos de ética. No sé que ganaría la batalla entre comprarme la camisa carísima que vi en la tienda, o pagar las mensualidades del colegio. Cuando pensamientos como “si tuviera un hijo pequeño esperara que se durmiera y lo dejaría sin niñera para ir a la fiesta… después de todo ¿Cuál es la posibilidad que se despierte?” son comunes tu misma alarma te dice que tal vez no serías buen padre.

No sé que tan fiesteros pudieron haber sido mis padres, pero mi madre se fue con su mejor amiga a vivir a México sola cuando tenía 19 años. Y mi padre vivía solo desde los 17. Y esas historias que escuchas de tus padres cuando se estaban conociendo, cuando estaban de novios, pues esas historias siempre son de fiestas, conciertos, reuniones de amigos o escapadas a la playa. Pero decidieron tener hijos… yo nunca supe que era quedarme con una niñera en casa mientras mis padres salían a fiestas, nunca he visto (hasta la fecha) a mi padre fumar, o tomar tres cervezas seguidas. Nunca he visto a mis padres borrachos, y salvo en navidad y año nuevo, nunca habían fiestas en mi casa de amigos… ni en sus cumpleaños. Yo pienso mi casa sola y lo primero que se me viene a la mente es una parrillada con mis amigos de toda la tarde y noche. Mis padres decidieron solo teniendo 26 años (después de 2 años de casados) que era hora de su primer y único hijo. Esa noche en la cual fui concebido, y empecé a ser una persona, esa misma noche ellos perdieron sus vidas. No sabrían más que sería una escapada al mar, ni una noche de baile hasta la madrugada en la discoteca de moda… pero ellos lo habían preferido así… e hicieron el mejor trabajo del mundo.

Una vez escuché una historia de un mal hijo, que le decía el o ella era lo que era por ella misma y no por sus padres. Solo me imaginé sus labios reducirse a carbón. Nunca pudiera decir tan terrible cosa. Yo soy lo que soy por mis padres, porque decidieron tener un hijo, no me imaginaría en donde estuviera sin sus valiosos concejos, sin su incuestionable apoyo, sin su ayuda. Aunque yo he trabajado por ser lo que soy, nunca hubiera llegado ni al 1% de mis pocos logros sin mis padres. Desde las noches en vela con mi madre cuando me enfermaba de asma, hasta cuando iban a traer mis calificaciones al colegio. Los padres son humanos, y a veces se equivocan y ahora que puedo notar sus errores jamás sería capaz si quiera de dejárselos saber porque si fueron capaces de dejar atrás su vida de matrimonio joven sin hijos y las noches de fiestas entonces significa que todo lo que hicieron después de eso lo hicieron desde su más profundo y desinteresado amor aunque se hayan equivocado a veces.

jueves, 13 de octubre de 2011

Deja tus sueños en la puerta antes de entrar

Es increíble como puede llegar a calar en nuestra psiquis el sonido de nuestra alarma que ponemos para poder levantarnos todos los días para ir a trabajar. La mía suena con el rencor del sonido tan metálico de los teléfonos móviles. Aun no ha salido el sol, pero tengo que estar bien despierto para hacer un reporte que tiene que estar listo antes de que se despierten los que lo leen. Al terminar, salgo de mi cuarto para encontrar en la sala mi uniforme del trabajo con un planchado lamentable, lo plancharía yo mismo, pero mi trabajo, y en especial el uniforme, me despierta el mismo interés que los tomates que se pudren lentamente en mi refrigeradora.

Nunca entendí porque las personas nos tenemos que bañar todos los días, es tan incomodo, tan poco natural para mí. Un par de baños por semana bastaría. Pero me han hecho creer que no tomar una ducha es algo que atenta contra la natura del homo sapiens. Aun sabiendo lo tanto que odio el baño me meto a la ducha y trato de hacerlo lo mas eficiente posible. Entro al cuarto y enciendo mi televisor. Para entonces imagino a las personas que leen el reporte que acabo de mandar por correo, sentadas en su inodoro. Lo verán menos de un minuto (es lo que me tomaría a mi leerlo) y lo ponen a un lado. Y en menos de un minuto se termino casi una hora de trabajo aun cuando no sale el sol.

Pongo el mismo canal de todas las mañanas: Euronews. Hacerme consiente que existe un mundo fuera del mío, donde también ocurren cosas, donde también hay personas ajenas a mi realidad asimismo como yo soy ajeno a sus realidades, es una terapia que ocupo desde hace mucho tiempo. Me hace sentirme parte de un engranaje, de una gran comunidad global… o tal vez simplemente hace que mis asuntos se vuelvan ajenos, solitarios, insignificantes, de la misma manera que los asuntos de esas personas se vuelven para mí.

Me lavo los dientes. No sé porque siempre tengo el reflejo del vómito cuando me lavo la lengua y el cielo de la boca. Había escuchado que las personas que padecen de anorexia llegan a perder ese reflejo después de tanto tiempo de auto-provocárselo. Aunque yo no parezca de anorexia, pienso que el reflejo ya debió de haberse ido después que más de 20 años consientes de tenerlo cada vez que me lavo la lengua… pienso en ello cada mañana mientras veo mis ojos rojos en el espejo de mi baño.

Salgo corriendo del baño, me pongo mi identificación para poder entrar al edificio donde trabajo. Me pongo en el carro y escucho la primera estación de radio que está. No le pongo mente. No sé lo que dicen. Paso por los mismos reductores de velocidad todas las mañanas. Los odio, hacen que salte en mi asiento. ¡Y ahí está! Mi primer fastidio del día. Llego al edificio y veo los periódicos que esperan a ser recogidos por sus subscritores. Leo la primera plana. Llego al ascensor. Hay personas que corren cuando ven que las puertas están a punto de cerrarse. Yo no. Deseo que se cierren, así podré disfrutar del televisor de la lobby que son mas noticias… esta vez noticias financieras. Veo a quien le tocó abrir la sesión en el mercado de valores en Nueva York.

Llego a mi puesto de trabajo. Abro el correo del trabajo rezando que nadie se haya quejado del reporte que mandé ya hace un par de horas atrás. Generalmente no lo hacen. Pienso que tal vez debería un día mandarlo mal para confirmar mi teoría que nadie lo lee. Abro la versión web de mi periódico nacional favorito. Leo los encabezados y empiezo a trabajar en proyectos especiales y en los mismas tareas que tengo que hacer todos los días. Por cuenta si no se hacen el espacio tiempo se desgarra y la vida como la conocemos dejaría de existir. Escuché que esos “daily tasks” (como le llaman) es lo que mantiene la vida en la tierra.

No sé cuando llueve. Mi oficina no tiene ventanas. Es toda de vidrio, así evita que las personas que estamos ahí nos volvamos locos, pero no puedo ver si hace un buen día o no. Alguien me dijo que hay una aplicación en el teléfono que emite el sonido de lluvia cuando en tu área esta lloviendo. Me imagino diciendo a alguien “¡que aplicación más estúpida! ¿Para que quiero una aplicación que haga sonido de lluvia cuando llueve?” creo que yo hubiera sido uno de esas personas que dijera eso. No saben que hacemos topos de oficinas, trabajando en oficinas frías y silenciosas… tan silenciosas que no escuchamos la lluvia cuando cae.

Cuando salgo del trabajo ya no hay sol. Puedo ver las luces de mi ciudad encendidas. Managua es una ciudad emparchada. Es la ciudad más grande de Centroamérica. ¡Y valla que no lo dudo! Con espacios de kilómetros literalmente vacías, seguidas por kilómetros de asentamientos que raspa la inhumanidad, y luego ocasionales metros de desarrollo urbanístico bien planificado. No tomo el ascensor para bajar. Uno de ellos se ha averiado en varias ocasiones con personas adentro. Y aunque cuando me preguntan porque bajo los 7 pisos por las escaleras le respondo que es para prevenir que no me quede encerrado en un ascensor averiado, la deprimente verdad es porque simplemente me relaja hacerlo. Ver mi supurante ciudad, con sus cicatrices ya curadas, otras aun viscosas, ver el trafico, ver como las personas buscan sus casas a esa hora. Pensar en el día que acabo de perder, en los pesos que me acabo de ganar, e imaginarme mi sueño loco. Verme a mi mismo aunque sea en mi mente en la playa, escapar de mi uniforme, del encierro de vidrio que aguanté por 9 horas. Por eso justamente bajo por las escaleras. Quedarme en el ascensor encerrado sería solamente la cereza del tope de mi día maravilloso.

Busco que cenar. La comida que de seguro ha preparado la asistenta de mi casa está incomible. Y aunque como buen Nicaragüense me encanta el gallo pinto, tampoco me gusta comerlo todos los días, especialmente después que mi metabolismo ha cambiado y esas calorías extras empiezan a notarse y ya no me permito comerlo con crema acida. Para entonces me debatiré entre mis comidas generales: sushi, alitas picantes, pizza, subway o hamburguesas. Cenó y busco como irme a mi casa. Después de todo, tengo trabajo que hacer. Si no se hace, los dinosaurios mitad gallina puede que gobiernen al mundo.

Siempre me gusto escribir. Escribía siempre que podía desde adolescente. Estaba seguro que tenía un talento para hacerlo. Los Nicaragüenses estamos creídos que tenemos un Rubén Darío dentro de nosotros. Sé que tengo un alma de artista. Un alma sensible, fácilmente acarreada por la melancolía de días mejores, fácilmente seducida por la depresión. Alguna vez alguien me dijo que los artistas ven la vida y sus experiencias de una manera diferente a como la ve el resto de personas, son amplificadas, se ramifican en miles de conexiones. Frente al edificio de mi trabajo está la vieja escuela donde solía ir de primaria y secundaria. También la veo cuando bajo por las escaleras. Y también me puedo ver en los lugares que alcanzo a ver desde el edificio. Yo solía estar ahí, ahí esperaba a mi papá que me llagara a traer. Era tan fácil todo. En aquellos entonces tenía un blog (no se le llamaba blog en 1999) al cual había titulado “Yo quiero ser el más popular” y contaba las fiestas, las amistades, pláticas, experiencias de mi vida de pre-adolescente en colegio privado en Managua. La vida era mucho más sencilla entonces.

Mi vida era pensar en la fiesta del fin de semana, y durante la semana hablar de lo que pasó en la fiesta. Cuando un cigarro o una cerveza era tan clandestino como la clonación humana. Donde yo era cómplice de mi mismo. No sé que se hizo esa complicidad conmigo mismo. ¿En que punto del camino me traicioné? No voy a decir que me he convertido en todo lo que una vez juré no convertirme porque sería mentir. Me he convertido en lo que pensé que me convertiría, en lo que quería ser… lo que no sabía entonces era que tan feo era el camino que estaba eligiendo para mi mismo. ¿Pero que más iba a ser? ¿Misionero en Albania? ¿Mochilero en Portugal? ¿Desentierra minas en Bosnia? Tal vez era lo que quería hacer, pero de la misma manera que nos enseñan a bañarnos todos los días cuando ciertamente no es necesario, nos enseñan un camino a la felicidad que no es necesario seguir. No se si sería más feliz con un bar frente a la playa sirviendo cervezas heladas a mis clientes ocasionales y tomando una de vez en cuando. ¡Pero soy un adulto! Y mi manifiesto es “No voy a dejar que la aplicación del sonido de la lluvia sea quien me diga el clima en mi sencilla ciudad, no voy a dejar que lo que hago defina quien es quien soy, no voy a dejar que en mi trabajo me paguen por dejarles mi vida, por dejarles mi juventud”